ZAPATOS A LA MEDIDA
La maravilla de la tecnología nos permite mantener contacto con las cosas que nos interesan, así, por ejemplo, un telefonazo nos acerca a la voz o información que queremos oír, un toque a la tecla ENTER nos pone en contacto directo con todo el mundo y las cosas que este nos ofrece desde el ciberespacio; que bueno que se nos simplifique la vida. Lo preocupante es que no utilicemos esos medios para comunicarnos o romper esquemas preconcebidos y que solo hacen daño desde su sola concepción.
Veamos el fenómeno Hollywood y sus películas de acción, ficción, humor o amor; el patrón que nos muestra siempre es el mismo: los buenos vencen a los malos, dos horas de peleas, intrigas, puños, patadas y todo para que en los últimos diez minutos los “malos” mueran, los buenos triunfen, el mundo se salve, el tipazo del papel de principal se quede con el dinero y también con la esbelta chica que lo acompañó (salvo casos como James Bond).
Lo que nos lleva al mensaje: no importa lo que pase siempre que te quedes con el dinero, salves el mundo o la concepción de él que tienen un grupo de personas y te quedes con el tipazo o la esbelta dama (según tu género).
Entiendo que es momento de una reflexión sobre las cosas que son esenciales o prioritarias para nuestras vidas. ¿Por qué enmarcar las figura del éxito a parámetros establecidos por personas que siquiera conocemos? ¿Por qué obedecer esos mapas conceptuales que no entendemos y por consiguiente tampoco sus implicaciones? ¿Tenemos una idea clara de lo que significa para nosotros la felicidad o la realización en cualquier ámbito?
Hemos llegado al extremo de convertirnos en una especie de supermercado en el que, por ley, todo debe ser etiquetado. Estamos en el punto en el que obedecemos mandatos como el que establece que con “tal o cual clase de gente” nada hacemos porque no encajan con la pre-concepción que se hacen de nuestras relaciones (a cualquier escala), porque sobrepasa la cantidad de canas aceptada por el común de las personas, la clase adecuada, la estética, el timbre de su voz, la calidad del calzado o el color de la camisa de moda; si no encaja con la visión de los pares hollywoodescos.
Hagamos un breve ejercicio de pensamiento: ¿Desde cuándo la felicidad o las cosas verdaderamente importantes se miden por la cantidad de años que tengas? ¿Desde cuándo las apariencias y las calificaciones de la sociedad pueden medir la capacidad entrega de un ser humano? ¿Cuándo comenzamos a contar en papel (o papeletas) la cantidad de momentos felices que podemos tener? ¿Cuándo…?
Es momento de vivir nuestras vidas, una que esté hecha a nuestra medida y dejar de usar zapatos de otros porque dudo mucho que alguno esté hecho justo a nuestra medida.
Susie Caraballo
Colaborando para “Caminos del Alma”
http://susiecaraballo.blogspot.com/